jueves, 24 de diciembre de 2015

MIRANDO AL BORRICO DE BELÉN

Al observar en estos días esta figura del belén parroquial pensaba en ese asno, probablemente el que habitualmente utilizaba san José en Nazareth. En él transportaría las maderas y herramientas para sus trabajos y, al terminarlos, le serviría par desplazarse a realizar las entregas a los clientes. 

Ya sé que lo normal en las fechas navideñas es fijarse en otros personajes más importantes de esas representaciones pero qué queréis que os diga, este año se ha cruzado en mi camino y me ha hecho pensar la humilde figura del borriquillo.

Ante el viaje para el empadronamiento es fácil que decidieran utilizarlo para llevar algunos enseres y, sobre todo, para aliviar el natural cansancio de la Virgen en su estado de buena esperanza.

Me vino la idea sobre la gran suerte de ese animal que fue testigo del caminar de María y José, de sus conversaciones y de sus problemas para encontrar alojamiento al llegar a su destino. Su buena estrella debió culminar cuando, al alojarse en la gruta, instalaron con ellos a su medio de transporte. 


Puede que el origen de esa mula de nuestros belenes sea ese borrico viajero que fue testigo del nacimiento del Niño, del cántico de los ángeles y de la visita de los àstores. ¿Menuda suerte, verdad?


Un amigo me comentaba hace unos días que en el cielo estarán las cosas que nos hacen felices y, por tanto, habrá animales. Quizás se explique el comentario aclarando que mi amigo es veterinario. Pero, si eso fuera cierto, este burrito tiene muchas papeletas para estar allí porque, además de lo ya relatado, seguro que fue el que los transportó en su huida a Egipto y regreso.


Un buen pagador de favores y cariños como Jesús no pasaría por alto los buenos servicios del fiel pollino aunque, en mi opinión y de muchos más,  éste actuase por instinto y sin pensar en más porque los animales no piensan, ni razonan ni son libres, como nosotros, para decidir ayudar o no. 


Observando y discurriendo de esta forma me ví reflejado en aquél animalito porque, Navidad tras Navidad y año tras año, viendo belenes, oyendo villancicos, leyendo aquellos sucesos y celebrándolos con festejos familiares me quedo corto en descubrir mucho de lo que supuso el acontecimiento entonces y cara al futuro.


Esta Navidad me he hecho el propósito de utilizar mejor esos dones, inteligencia y voluntad, para diferenciarme algo más del burro de nuestra historia y profundizar en lo que debe ser la Navidad para mi vida. Vamos, que no quiero ser un animal más en el ambiente navideño. ¿Te apuntas conmigo? ¿Visitamos el pesebre con un interés superior al comer y comer?


¿Y qué hacer? Se me ha ocurrido ir a las buenas fuentes y me permito dejar aquí estos consejos del Papa Francisco, quien en 2 minutos deja cuatro ideas para vivir mejor la Navidad. Sólo nos queda el esfuerzo de seguirlos este año un poco más que los anteriores. Pincha y verás:


https://www.youtube.com/watch?v=J2z_l97hqPA

Te deseo una  feliz, alegre y santa Navidad,
Alejandro

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