sábado, 30 de enero de 2016

*POLÍTICA Y POLÍTICOS*

Foto del Partenón (Grecia)./
Se me ha ocurrido escribir de política, a mí que nunca fui a un mitin ni a un acto de un partido y, sobre todo, que he estado casi 50 años alejado de cualquier militancia y esas cosas por razones profesionales. 

Cuando, ya terminado ese imperativo legal, recuperé mis derechos ciudadanos no tenía ni edad, ni sobre todo ganas, para enredarme en eso que, perdonadme la broma, decía Groucho Marx: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". Bueno, pero tratemos el tema con la seriedad que requiere.

 Lo dicho por el gran Groucho puede que sea la mala política, que no escasea por desgracia. También existe esa otra, llamémosla buena, y que leí hace tiempo no recuerdo donde: "La política es una rama de la moral que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común".
 
La política es necesaria, imprescindible, en las sociedades actualmente constituidas, que han incrementado su tamaño y complicación desde que el ser humano dejó de vivir en tribus o grupos pequeños. Es más, en un mundo como el actual, globalizado, es necesario que también exista una política global pero que se base en la dignidad y libertad de las personas, facilite la convivencia y  y busque el bien común. 


Pero, ¿por qué eso de política buena o mala? Pienso que la política es sólo eso, política. Su bondad o maldad se la añaden los que la ejercen. Como siempre es el ser humano al actuar el que da calificación a sus actuaciones. Concretando, son los políticos los responsables de que haya o no una buena política.


Cuando se llega a ocupar los cargos pensando sólo en uno mismo, en tener poder, no preocupándose de los demás y de dar un servicio, ocurre lo que muchas veces observamos. No digamos ya si, con el ejercicio del poder político, se pretende imponer la propia ideología a los demás. Cuando, además, esa ideología es perniciosa, que las hay, el desastre está servido.


Algunos, hoy día cada vez más, llegan al ejercicio del poder sin la formación necesaria para regir los destinos de sus conciudadanos. No me refiero a la preparación cultural o técnica, aunque también existen estos casos. Me preocupan más los dirigentes que, por falta de valores, no respetan la libertad y dignidad de las personas, los derechos de los padre para decidir cosas relativas a sus hijos, pretenden abolir cualquier tipo de creencia religiosa sobre todo la católica y se atreven a decidir incluso qué vida humana  debe existir o no.


Cuando ese tipo de personas opinan y actúan así podíamos decir que se creen los dueños del mundo o de la parcela del mundo donde desarrollan su actividad política. Se autodesignan dioses de su universo aunque sólo hayan sido elegidos por un puñado de votos para un periodo de tiempo.


A todo esto hay que añadir que antes de llegar a ese ejercicio del poder y posteriormente durante él esos personajes y sus secuaces, porque suelen ser grupos organizados de personas, manipulan a la sociedad con falsas o medias verdades, aprovechando los medios de comunicación, asociaciones e incluso partidos políticos legalmente constituidos.


Pero ¿son sólo ésos, los cabezas visibles, los que manejan los hilos de la sociedad? Tengo la impresión que tras ellos y a un nivel superior existen otras personas y organizaciones que los manejan. De todo hay en este mundo que habitamos. En realidad muchas veces estamos viendo solamente los movimientos de los malvados y tontos útiles.


No esperéis que me dedique a investigaciones para las que no estoy capacitado ni tengo medios por eso, en próximos artículos, me limitaré a exponer mi punto de vista sobre muchos de los aspectos que corresponden a decisiones políticas. Con sentido común, respeto a la libertad y derechos de las personas, y sin ánimo de manipular, se puede uno acercar a razonamientos que ayuden a que la sociedad mejore.


No pretendo cambiar vuestra forma de pensar, sólo os pido que pensemos, que no seamos el pueblo borreguito que todo se lo traga. Sepamos salir al paso de tanto malandrín como nos desgobierna o intenta hacerlo. Actuemos por el bien de nuestros hijos y nietos, influyamos en nuestro ambiente, con paciencia y respeto pero con firmeza y razones, para que la gente piense. Así ayudaremos a que pueda ser realidad aquello que decía Abraham Lincoln: "Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo"


 Alejandro González

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