miércoles, 16 de marzo de 2016

MIS EXPERIENCIAS Y TESTIMONIO COMO COFRADE (VALLADOLID, SEMANA SANTA 2015)


Con mis nietos, delante de  nuestro
 Ecce Homo ,
antes de salir en la procesión
 del Viernes Santo
Hace unos días, ante nuestra cofradía vallisoletana, “HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LOS ARTILLEROS”, me correspondió relatar las experiencias y el testimonio que cada año pronuncia un cofrade antes del la Misa del Viernes de Dolores, con el que iniciamos nuestra Semana Santa
.

Lo sitúo en el blog por si es de vuestro 
interés.


EXPERIENCIAS Y TESTIMONIO DE UN COFRADE

Pronunciado por el cofrade Alejandro González ante la cofradía vallisoletana “HERMANDAD DEL SANTO CRISTO DE LOS ARTILLEROS”

(27.MARZO.2015, Viernes de Dolores. Iglesia del Convento de Santa Isabel de Valladolid).

1-INTRODUCCIÓN
Mi más cordial saludo a todos los presentes, nuestro capellán D. Plácido, hermanas de este convento de Santa Isabel, cofrades, familiares y amigos.

Aquí me tenéis dispuesto a relatar las experiencias de un cofrade a pesar del poco tiempo que llevo siéndolo. Mis alegaciones en este sentido no sirvieron para mucho ante el poder de persuasión de nuestro Hermano Mayor. La ventaja que tiene mi edad es que siempre hay un baúl de recuerdos de donde extraer historias que contar.

Empecemos por las que se encuentran más al fondo para llegar a las más recientes y terminar con unas conclusiones.

2-RESEÑA AUTOBIOGRÁFICA
Mi relación con los desfiles procesionales de Valladolid se inicia en 1957, cuando vino mi familia a vivir a esta ciudad. Un par de años después mi padre me dio unos documentos para que aprendiera cosas de nuestra Semana Santa. El motivo, según me dijo, era para que se lo explicara a los familiares y amigos que solían visitarnos en esas fechas. Así conocí la historia de nuestras cofradías y de sus valiosas tallas.
Años después he pensado en lo que realmente buscaba era ayudar a mi formación religiosa y cultural, además de crearme hábito de estudio y que ejercitara la memoria.

Esa función de guía turístico familiar duró unos tres años y puedo aseguraros que lo pasé muy bien y lo que más me gustaba de nuestro Viernes Santo era que llegara el Ecce Homo. Con todo mi respeto a la magnífica talla de Gregorio Fernández no era ella sino su acompañamiento lo que despertaba mi ilusión.

Para un muchacho de unos 12 años, que ya hablaba de ser militar, todo quedaba oscurecido ante aquellas dos largas filas de jefes, oficiales y suboficiales de Artillería, con sus uniformes de gala, la escolta de la carroza, la banda, la batería de honores desfilando a paso lento con el arma a la funerala y la presidencia, constituida por un general y los coroneles de sus regimientos.


A mediados de los años sesenta dejé la ciudad para continuar mis estudios y, poco después, mis padres y hermanos también se trasladaron a vivir a otro lugar. Nuestra Semana Santa pasó a ese baúl de los recuerdos durante algo más de 30 años hasta que regresé en 1.996.

El año 2.001 fue clave en esa relación con nuestro Cristo, cuando me encontraba destinado como Coronel, mandando la Agrupación de Apoyo Logístico nº 61, situada en nuestro barrio de La Rubia.

En fechas similares a éstas en que os hablo, el General Gobernador Militar me sugiere que presida nuestra cofradía el Viernes Santo. Lo mismo ocurrirá al año siguiente. Fueron dos experiencias que no olvidaré.
Ya  en la procesión agradecí a Dios que se hubiera cumplido mi sueño profesional y el encontrarme en el lugar de aquellos “antiguos artilleros” que tanta ilusión despertaron en mí.


Después, el seguimiento del Cristo por las calles, me  llevó a imaginarlo destrozado por dentro y por fuera. Reflexioné sobre el dolor de tantos seres humanos por los males y sufrimientos que se producen este mundo nuestro. Era inevitable que surgiera la petición para que los méritos de su Pasión sirvan para que Dios ayude a cambiar los corazones, especialmente de los culpables y de los que tienen más responsabilidad en las soluciones. La procesión del Viernes Santo da para pensar y rezar mucho.

Relatados los primeros contactos con nuestra cofradía, es el momento de explicar cómo entré en ella.


El Viernes Santo de 2010 veíamos en familia su entrada en la iglesia de la Vera Cruz al terminar la procesión. Mi nieto mayor, entonces con 5 años  y que vive en Gijón, me preguntó “¿abuelo podría salir en la procesión como esos niños?”, le respondí que, cuando entraran, íbamos a preguntarlo.

La respuesta fue prácticamente positiva, sólo faltaba solicitarlo por escrito y que fuera aprobado. Salió muy contento y corrió hacia el grupo familiar gritando “me ha dicho que sí uno de los jefes”. Su hermano, un año menor, se subió al carro. El abuelo, tras comprobar que no era flor de un día, realizó las dos inscripciones. De esta forma tuvimos dos cofrades en la familia, esos dos niños, pero nadie más, ni siquiera el que os habla.

Suele ocurrir que los abuelos o los padres son los que llevan a sus nietos o hijos a las cofradías pero, en nuestro caso, ocurrió completamente al revés. Al verlos en su primera procesión se despertó en mí el deseo de acompañar a nuestro Cristo con ellos. Le pedí ayuda para que resistieran mis maltrechas rodillas y, con esa esperanza, me hice cofrade.


Así llevo unos años en que he podido salir y espero seguir haciéndolo, ahora con tres gijoneses, pues el año pasado se ha incorporado uno más, esta vez una niña. Mañana, como cada año, toca encuentro de los padres de Gijón y  los abuelos de Valladolid en León para recoger a los nietos.

3- CONCLUSIONES
Paso a reflexionar,  permitidme la expresión, desde el interior de mi capirote.


Viendo las calles llenas de personas que observan nuestro paso. Me pregunto, si tal como está la sociedad, no podría decirnos nuestro Señor a los que somos sus cofrades: “Andan como ovejas sin pastor” e “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”.

El Papa Francisco, como sus antecesores,  nos lo recuerda: “Se necesitan Testigos” y, también, “Debemos salir de nosotros mismos e ir a nuestras periferias existenciales”.

¿Cuál es el camino? Tratar a Cristo porque, sabemos, que del roce nace el cariño.

¿Dónde le tenemos?:
1) En la Eucaristía: Necesitamos recibirlo, con las debidas disposiciones, y tratarlo como amigo, yendo al sagrario que son abundantes en nuestra ciudad, donde siempre nos espera.
2) En su Palabra: Deberíamos leer el Evangelio frecuentemente y reflexionando.
3) En su Iglesia: Conocer el Catecismo y saber lo que dice el Papa, pero yendo al origen, no a los titulares de prensa. Con Internet hoy día es fácil.

No es convertirse en teólogo pero sí tener un conocimiento de nuestra fe similar al de nuestro nivel cultural y profesional. Se necesita tiempo pero no mucho.  Por supuesto que menos de lo que algunos dedican a cuidar el cuerpo y mantenerse en forma.

Ser testigo es actuar en nuestra periferia existencial, que no está muy lejos, son quienes nos rodean, familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.

No olvidemos que el mejor predicador es fray ejemplo y, además,  ser pacientes, comprensivos. Convencer y no querer vencer. Conviene tener en cuenta que la religión se propone, no se impone pues Dios nos hizo libres y lo respeta.

Considero que  si es importante “hablar de Dios a nuestros amigos”, también lo es “hablar de ellos con Dios” para que les ayude y nos ilumine  para saber acompañarles en su caminar.


Tendremos fallos pero Cristo nos conoce bien y dejó el remedio, la Confesión, individual y secreta. Sacramento de la alegría se le ha llamado porque, en comparación con los juicios humanos donde confesarse culpable sólo es atenuante y no evita la sanción, con Dios el que confiesa marcha absuelto y feliz.

Por tanto mucho ánimo, porque nuestra gloria no está en la victoria, que será de nuestro Dios, sino que está en la entrega a su servicio. Además, sabemos que Él es dueño del mundo pero como leí hace mucho, se lo alquila a los audaces.

A ustedes hermanas de este convento les pido que no nos dejen solos. Las necesitamos, sus oraciones son calor para los que andamos ahí fuera donde, se lo aseguro, el ambiente está muy frío.

Termino rogando a nuestra Madre La Virgen de los Dolores, a la que en estos días que vemos pasar junto a su  Hijo, nos ayude a salir  de nuestra comodidad, pereza, egoísmo, el miedo a que no nos entiendan o al qué dirán y otras cosas más que nos atan  y que sepamos  buscarle, encontrarle, tratarle, amarle y  darle a conocer.

Muchas gracias por vuestra atención.

Alejandro

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