viernes, 4 de agosto de 2017

*CONSERVAR EL MATRIMONIO (II)*


"Cincuenta años de conversación en común", así definía el matrimonio Julián Marías, pero debemos entender que conversar supone algo más que contar cosas. Es eso también pero debe incluir una actitud de escucha, atención y esfuerzo por comprender. Esta disposición para comprender y acoger, producto del cariño, es lo que facilita la comunicación entre personas y, por supuesto en el matrimonio y la familia. Pero, además, hay ciertas actitudes externas que complementan esa acogida como son, entre otras, el tono de voz, la mirada, incluso los gestos. ¿Acaso no son comunicativas unas manos entrelazadas?....................

El profesor David Isaacs, bajo el título "La comunicación y la toma de decisiones en el matrimonio", señala unas zonas de autonomía personal de cada cónyuge y otras de responsabilidades compartidas. Donde se puede producir, y de hecho se produce, la ruptura de comunicación conyugal es en lo que mi antiguo profesor denomina como responsabilidades compartidas. Veamos cómo explica cuándo esto suele ocurrir:

- Uno de los dos no reconoce los límites de su propia zona de autonomía, saliéndose de ella o pretende controlar las actividades que pertenecen a la autonomía del otro.
- No hay acuerdo en los objetivos del matrimonio o en los medios más idóneos para lograr estos objetivos.
- Uno de los cónyuges no sabe ceder en cosas de poca importancia.

Es importante conocer los asuntos que se deben llevar de común acuerdo que se pueden resumir en tres “cuándos”:

- Cuando el tema puede influir de modo importante sobre el modo de vida del otro.
- Cuando el asunto tratado puede cambiar algo importante en el estilo establecido en esa familia.
- Cuando los resultados de la decisión pueden ser difíciles de rectificar una vez tomada esa decisión.

Bajando más al terreno de lo concreto enumeremos algunas de las cosas cotidianas que deben realizarse de común acuerdo:

- Establecimiento y manejo del presupuesto familiar.
- Utilización del tiempo de ocio y del tiempo para estar juntos.
- Temas religiosos, relaciones íntimas, sociales y con el resto de la familia.
- Los asuntos del hogar, de la casa.
- Decisiones de trabajo que afectan a la familia.

Contado así puede parecer que estamos programando la vida matrimonial pero una cosa es la fría explicación escrita y otra el día a día. No debemos olvidar esos consejos para evitar sorpresas y, al mismo tiempo vivir el matrimonio como una aventura a recorrer juntos. En definitiva usar la cabeza y el corazón adecuadamente.
Mis queridos matrimonios, jóvenes y no tan jóvenes, cultivad la comunicación y, si se ha deteriorado, haced un pequeño esfuerzo cada día para recuperarla. Con paciencia lo lograréis. Además, las relaciones matrimoniales y familiares ofrecen muchos asuntos y circunstancias sobre los que tratar en pareja y que, si se aprovechan bien, ayudan al intercambio de opiniones y a la toma de decisiones en común.


Muchas más cosas podríamos comentar como necesarias para conservar el matrimonio pero, por ahora, quedémonos con las dos citadas en éste y el anterior artículo: Comunicación y querer al otro con sus defectos, que son en mi opinión fundamentales. Habrá ocasiones más adelante de tratar de otras pero en las próximas entregas, tras estas pinceladas sobre la familia y el matrimonio, me gustaría empezar con el apasionante mundo de la educación y el trato con los hijos.


Alejandro

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