| Entregando un regalo a uno de mis hijos (5-Enero-1981) |
Este breve artículo, tuvieron a bien publicármelo en la Revista de la Asociación Belenista de Valladolid, en su número de la Navidad.
Un 25 de diciembre me levanté, según costumbre, muy temprano y como todos dormían, para no molestar, decidí sentarme a leer un poco y esperar que la actividad volviera al hogar.
Llevaba un rato leyendo cuando, al hacer una pausa y levantar la mirada del libro, reparé en el belén familiar que ocupaba su lugar tradicional a poca distancia de donde me encontraba sentado.
En la parte más cercana aparecían los Reyes Magos acompañados de su cortejo. Me quedé observando la singular caravana y me detuve en Baltasar mientras la mente volvió bastantes años atrás cuando, debidamente transformado, le representé en dos ocasiones en Salamanca.
Entre tantas historias hermosas de aquellas jornadas nunca olvidé la de una niña, que terminada la entrega de obsequios a los pequeños, reunidos en un salón de una institución de la ciudad, merodeaba a mi alrededor como queriendo ser atendida de nuevo. Como la vi dudar, le hice un gesto para que se acercara y, una vez que la tuve sentada en mis rodillas, se estableció el siguiente diálogo entre ella y el rey negro venido del oriente:
*¿Te ha gustado el regalo que te hemos dado? Preguntó el rey, mientras con la mirada y la sonrisa procuraba relajar la tensión que expresaba la cara de la pequeña.
>Sí, me lo has dado tú, lo he abierto y es muy bonito. En mi carta había pedido ese muñeco.
*Me alegro mucho. Cuando leímos tu petición decidimos traértela porque te has portado muy bien. Ahora qué más quieres ¿te apetecen unos caramelos?
La niña hizo un gesto negativo con la cabeza, se le quedó mirando durante unos segundos y a continuación le soltó esta pregunta:
>¿Tú vienes del cielo?
Menudo lío pensó Baltasar, pero había que salir del paso y respondió con la firmeza que la ocasión requería…..
*Pues sí. Nosotros vivimos allí siempre y venimos cada año a traeros regalos de parte de Jesús.
Ella, cada vez más confiada, se atrevió a ir un poco más allá en su interrogatorio:
>¿Tú ves a Jesús?
*Pues sí, yo veo a Jesús. ¿Por qué me preguntas eso?
>Es que mi papá se fue con Él y yo quiero que cuando le veas allí le des un beso de mi parte.
Conmovido apreté a la niña contra mi pecho con cariño mientras con la mano enguantada secaba las lágrimas que afloraron a mis ojos…..diciéndole al oído “se lo daré, bonita, se lo daré”.
Después, cuando la solté, ella me dio un beso, se fue alejando mientras decía adiós con la mano y una sonrisa, finalmente se perdió en el tumulto que formaban las familias allí reunidas.
Años después, mirando el belén, me concentré en el portal y le di gracias al Niño por haberme permitido ver y disfrutar de la infancia de mis hijos y ahora de mis nietos, mientras le rogaba poder cumplir algún día el maravilloso encargo de aquella inocente criatura.
Alejandro González (BALTASAR)
Después, cuando la solté, ella me dio un beso, se fue alejando mientras decía adiós con la mano y una sonrisa, finalmente se perdió en el tumulto que formaban las familias allí reunidas.
Años después, mirando el belén, me concentré en el portal y le di gracias al Niño por haberme permitido ver y disfrutar de la infancia de mis hijos y ahora de mis nietos, mientras le rogaba poder cumplir algún día el maravilloso encargo de aquella inocente criatura.
Alejandro González (BALTASAR)
Qué relato tan bonito, los niños son una bendición de Dios.
ResponderEliminarMuchas gracias. Es una maravilla vivir estas cosas. No lo olvidaré nunca.
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